Hay atletas que trascienden por sus medallas, y otros que lo hacen por la huella invisible que dejan en la historia.
Rubel Salomón pertenece a ambos mundos. Su nombre se pronuncia con respeto dentro y fuera del tatami, no solo
por los logros alcanzados, sino por el carácter que lo sostuvo en cada combate, en cada jornada de sacrificio, en cada victoria que elevó al karate dominicano a una nueva dimensión.
Nacido en Samaná, tierra de espíritu libre y de hombres de mar, Salomón encontró en el karate una forma de expresar la fuerza interior que lo definía. Desde sus primeros pasos en la disciplina, mostró un dominio técnico poco común y una intensidad que pronto lo convirtieron en un competidor temido y admirado.
Su pegada poderosa y su velocidad explosiva fueron su sello, pero detrás de esa energía había una mente serena y estratégica, templada por los valores de respeto y disciplina que caracterizan las artes marciales.
A lo largo de una trayectoria ejemplar, Rubel Salomón conquistó 80 medallas internacionales, entre ellas 68 obtenidas en campeonatos de máxima exigencia: Mundiales, Panamericanos, Iberoamericanos y Centroamericanos y del Caribe. Cada una representó una página de esfuerzo,mconstancia y amor por la bandera tricolor.
Su momento cumbre llegó en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003, cuando, ante un público que vibraba con orgullo nacional, se proclamó primer dominicano campeón panamericano de karate.
Aquel oro no solo fue una victoria personal, sino un hito que marcó el comienzo de una era para el deporte dominicano. Ese día, Salomón completó el Ciclo Olímpico, convirtiéndose en el primer atleta de su disciplina en lograrlo para el país.
Quienes lo vieron competir recuerdan la intensidad de su mirada antes de cada combate: firme, serena, decidida. Era la mirada de quien comprende que cada enfrentamiento va más allá de un resultado; que en el tatami se defiende algo más profundo: la dignidad del esfuerzo y el orgullo de representar una nación.
Más allá de las estadísticas, su legado reside en lo que inspiró. Rubel Salomón abrió caminos para generaciones de jóvenes karatecas que encontraron en su ejemplo la certeza de que el talento dominicano puede brillar con fuerza en cualquier escenario del mundo.
Su carrera es testimonio de que la grandeza no se improvisa, se forja con disciplina, humildad y pasión por lo que se hace.
Hoy, su nombre se inscribe entre los grandes del deporte nacional, como símbolo de entrega y excelencia. Rubel Salomón no solo fue un campeón: fue, y sigue siendo, un referente de carácter, una inspiración para quienes entienden que la verdadera victoria es la que se alcanza cuando se deja una huella que perdura más allá del tiempo.
Revista Ceremonial 59
2025






