Mateo de la Rosa nació el 21 de septiembre de 1902 en San Cristóbal. Desde muy joven estuvo ligado al béisbol organizado. Formó parte del equipo San Carlos desde 1917, convirtiéndose en uno de sus jugadores más representativos. Se desempeñó principalmente como primera base y fue uno de los peloteros seleccionados en 1921 para integrar la unión de jugadores estelares de los equipos de San Carlos, Los Muchachos y Delco Light, conjunto que en ese momento fue conocido como el Escogido Capitaleño, antecedente directo de los Leones del Escogido.

De la Rosa estuvo involucrado en uno de los acontecimientos más memorables del béisbol de esa época, que se produjo el 14 de mayo de 1922, durante una serie de 21 encuentros para decidir el Campeonato de la Ciudad entre el Licey y el Escogido. El Estadio La Primavera fue testigo de una escena que se quedó en la memoria de muchos: con el Licey dominando la pizarra en la alta del noveno episodio y listo para celebrar su victoria, Mateo de la Rosa conectó un batazo dramático que volteó el marcador a favor del Escogido y terminó con las esperanzas del equipo azul. La reacción de la primera reina (madrina) del Licey, Esperanza Pereyra, que no pudo contener el llanto al ver la derrota de su equipo, quedó grabada en la historia. Se consta que, al ver este suceso, Mateo de la Rosa proclamó entonces la frase que quedó para el recuerdo: “El que gana es el que goza”.


En 1922 viajó a Puerto Rico junto al equipo de Estrellas Dominicanas, marcando un hecho histórico al formar parte del primer conjunto dominicano que jugó en el exterior. Ese mismo año, su desempeño reafirmó su reputación como uno de los mejores empujadores de carreras que ha dado el béisbol dominicano.


A comienzos de 1923, pasó a formar parte del Licey. También fue miembro del conjunto dominicano que enfrentó por primera vez a un equipo cubano, en una serie que representó un paso significativo en el desarrollo del béisbol internacional del país.


Durante la pausa del béisbol organizado en la República Dominicana, entre 1923 y 1929, Mateo de la Rosa se mantuvo activo. En 1927 participó con un equipo de la Policía Nacional Dominicana que se midió al Licey en una serie de cinco partidos, manteniendo viva la competencia en un período de inactividad del béisbol organizado.


En 1932, tras la reanudación del béisbol organizado en el país, volvió a vestir el uniforme del Escogido en una serie de encuentros frente a los equipos Good Year y Secretariado Trujillo, partidos que se celebraron en el recién restaurado Gimnasio Escolar. Más adelante, en 1938, asumió el rol de liderazgo al fungir como capitán del Escogido en una serie de encuentros frente al Licey.


El legado de Mateo de la Rosa fue reconocido en múltiples ocasiones. En diciembre de 1945 fue seleccionado por la Sociedad Pro-Deportes para integrar el “equipo de béisbol de todos los tiempos”, distinción que volvió a recibir en 1955 por parte de la Asociación de Cronistas Deportivos (ACD).

Su exaltación al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano se produjo durante el primer ceremonial de 1967, en reconocimiento a una trayectoria marcada por el arrojo, el coraje y la audacia, cualidades que lo convirtieron en símbolo de entrega dentro del terreno de juego.