Por más de dos décadas, Juan Carlos Jacinto vivió con la disciplina tatuada en el alma y el judo como brújula de vida. Nacido el 2 de junio de 1978 en San Cristóbal, este atleta dominicano convirtió cada combate en una lección de coraje, cada derrota en una oportunidad de crecimiento, y cada medalla en un símbolo de entrega absoluta.

Desde sus primeros pasos en las categorias infantiles. Jacinto mostró una determinación que no se enseñaba en
los dojos: se llevaba dentro. Campeón nacional infantil en tres ocasiones consecutivas (1990-1992), su ascenso fue constante y firme. En la categoría juvenil, dominó con siete títulos nacionales, y más adelante se consagró como uno de los más sólidos competidores en los 66 kilogramos, acumulando ocho coronas nacionales superiores.


Pero su historia no se mide solo en preseas. Jacinto fue el primer judoca dominicano en competir en tres ediciones de los Juegos Olímpicos -Sídney 2000, Atenas 2004 y Pekín 2008-, y en cuatro Campeonatos Mundiales. En cada uno
de esos escenarios, llevó consigo no solo el peso de su categoría, sino el de una nación que aprendió a reconocer en él a un verdadero embajador del deporte.

Su hoja de vida internacional es extensa y brillante: medallista en Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Juegos Panamericanos, en campeonatos continentales y en torneos abiertos.


Desde el bronce en Maracaibo 1998 hasta la plata en San Salvador 2002 y Cartagena
2006, Jacinto supo mantenerse competitivo en cada ciclo. En Winnipeg 1999, se colgó el bronce panamericano, y en Río 2007, aunque no subió al podio, dejó claro que su espíritu no conocía rendición.


Más allá de los tatamis internacionales, su liderazgo fue palpable. Durante 14 años integró la selección nacional superior, y en muchos de esos años fue su capitán. En paralelo, sirvió en la Armada Dominicana, donde también lideró el equipo de judo y conquistó 13 títulos en los Juegos Militares.

Su compromiso con el deporte no terminó con el retiro competitivo: hoy forma parte del cuerpo técnico de la Federación Dominicana de Judo, guiando a nuevas generaciones con la misma pasión que lo llevó a la cima.

Juan Carlos Jacinto no es solo un nombre en los registros del deporte. Es un símbolo de constancia, de humildad y de amor por una disciplina que exige tanto del cuerpo como del alma. Su historia es la de un hombre que entendió que el verdadero triunfo no está en la cantidad de medallas, sino en el impacto que se deja en quienes vienen detrás.


En cada caída, en cada levantada, en cada saludo al rival, Jacinto escribió una página de respeto, entrega y grandeza. Y aunque los años pasen, su legado seguirá inspirando a quienes, como él, decidan abrazar el judo como forma de vida

Revista Ceremonial 59

2025

Descargar Revista
Ceremonial 59