Fernando Arturo Miranda (Pindú)

Pocas figuras tan gallardas y tan atrayente en nuestra vida deportiva como la de aquel formidable atleta que se llamó Pindú Miranda; el de las mil proezas y entusiasmo inagotable.

Pindú nació en la ciudad de Santo Domingo, República Dominicana, el 5 de diciembre de 1897.

Residía en la misma esquina de las calles formada por las hoy avenida Duarte y avenida Mella, en la acera suroeste, donde existe ahora una popular tienda por departamentos.

El fenecido poeta y escritor Pedro René Contín Aybar una vez narró que “Miranda era alto (6’0” para la época), de complexión robusta, cintura estrecha (34 de pantalones), caminar rápido, bello semblante masculino, piel cetrina, ojos y cabellos negros, mirada firme, voz enérgica, apariencia sumamente agradable, y era el prototipo del verdadero atleta solo comparado con el indio estadounidense Jim Thorpe, guardando la distancia”.

Pindú surgió entre muchos jóvenes que practicaron el béisbol en el antiguo Gimnasio Escolar, el centro deportivo por excelencia del siglo XX, que estuvo ubicado en el cuadrante de las calles Pina (Este), Cambronal (Oeste), José Gabriel García (Norte) y los arrecifes del Mar Caribe, pues el actual malecón no existía en ese tiempo.

Miranda fue un excelente nadador cuyas hazañas en la playa de Güibia, al enfrentar a tiburones, armado sólo con un cuchillo, corrían de boca en boca, razón por la que gozaba de gran popularidad entre los bañistas de la época.

El atleta defendió el jardín central de los Tigres del Licey entre 1917 al 1923, año de su ingreso en la carrera militar. Poseía un formidable brazo que era respetado por los corredores, excelente nadador, saltador de garrocha, lanzador de disco, experto en tiro con pistola, hábil jinete y otras actividades más.

Contín Aybar describió a Pindú como una máquina humana dentro del deporte por sus brillantes actuaciones en todos los deportes practicado hasta esos años.

Pindú se enlistó en el Ejército Nacional, pero murió muy joven. A los 28 años de edad, el 13 de agosto de 1926, víctima de tuberculosis, una enfermedad aún sin control en nuestro país. Su esposa, Concepción de Miranda, colocó durante 13 años una esquela de invitación a misa en la Iglesia Nuestra Señora de Las Mercedes, en cada fecha de aniversario de su fallecimiento.

Miranda resultó electo al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano en la disciplina de béisbol, para el ceremonial de 1967.

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