AMADO BOLIVAR VARGAS CANDELARIO

Nació el 5 de noviembre de 1935 en Puerto Plata.

Los años no le pesan a este enamorado de las pesas, deporte al que llegó entusiasmado por las noticias del éxito alcanzado por un atleta que llegaría a ser un compañero de luchas
por la expansión de la disciplina y el debido reconocimiento a sus aportes al medallero en las competencias internacionales.

Corrían los años 50 y José Márquez triunfaba en las pruebas nacionales que le llevarían a las plataformas de los Juegos Panamericanos de Chicago cuando Bolívar Vargas llegó a la capital
dominicana pletórico de ilusiones para iniciar una carrera médica pero todavía pensando en las ofertas recibidas para una firma como
pelotero profesional.

Como destacado jardinero central en su pueblo había recibido ofertas de los Piratas de Pittsburgh, pero en su mente estaba fija la idea de curar el asma que había visto padecer a su
madre desde que tuvo uso de razón.

Las prácticas rudimentarias en su natal Puerto Plata cobraron intensidad en la misma Facultad de Medicina por la feliz circunstancia de que en el sótano de su edificio funcionaba el gimnasio de levantamiento de pesas de la entonces
Universidad de Santo Domingo.

El deseo de mejorar su anatomía para conseguir mejores resultados beisboleros a base de bregar con las barras y los discos provocó el
nacimiento de una pasión que le acompañaría el resto de sus días.

Ese es la génesis de una carrera de siete décadas como una de las cabezas más visibles en el levantamiento de pesas de la República
Dominicana, participando como atleta, entrenador, árbitro internacional y dirigente federado.

Médico de numerosas delegaciones en competencias internacionales, Bolívar cuenta en su resumen de vida con 63 años dedicados al Comité Ejecutivo de la Federación de Levantamiento de Pesas, que incluyen 26 años en la presidencia del organismo y 8 como secretario general del mismo.

Pronto se cumplirán 10 años desde que en 2011, Vargas pasó la antorcha de la presidencia a William Ozuna, un aventajado alumno que ha continuado la labor de su predecesor manteniendo la halterofilia como una disciplina líder en el tablero dominicano de medallas en las lides internacionales.

Vargas no se hizo pelotero ni conquistó ningún título internacional como pesista, pero descubrió fórmulas para aliviar el padecimiento
de su madre y convertirse en el más longevo dirigente en la historia del deporte dominicano.

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